martes, 4 de febrero de 2014

Ercole Lissardi - El diablo en el cuerpo


Durante años mantuvo el anonimato y se negó a ser fotografiado en las entrevistas. Ultimamente, la revelación aunque incompleta de su identidad causó no poco revuelo en Uruguay. Lo cierto es que el escritor conocido como Ercole Lissardi es el autor de una variada gama de interesantes libros unidos por el común denominador del sexo, narrado entre el erotismo y la pornografía. Mientras la editorial Hum empieza a distribuir su Trilogía sobre la infidelidad en Argentina, Alejandro Soifer entrevistó a Lissardi en Montevideo.

¿Quién es Ercole Lissardi? Podría decirse que es el secreto más público de la literatura uruguaya contemporánea y también que es un escritor que está muerto pero que todavía respira y sonríe. Ercole Lissardi es un seudónimo. Es un personaje ficcional y real. Es un hombre solo o una mujer sola y son varias plumas bajo un mismo seudónimo. Es un pornógrafo, un erotómano, un cineasta y alguien que conoció el exilio en México; un librero montevideano llamado Hugo y un fantasma. Es el autor de libros como Calientes, Aurora lunar, Ultimas conversaciones con el fauno, Acerca de la naturaleza de los faunos, Una como ninguna y una trilogía de novelas con eje en la infidelidad llegada hace poco a la argentina: Los secretos de Romina Lucas, Horas-puente y Ulisa, entre muchos otros títulos.
Todo esto se ha dicho de Ercole Lissardi y mucho de eso es este escritor que comenzó su carrera como tal recién a los cuarenta años (está por los sesenta) y que prefirió asumir el anonimato para ocultar un inicial pudor por escribir. La sensación de no pertenencia al ambiente literario y el desinterés por el mismo, sumado a una narrativa atravesada al punto de lo obsesivo por el sexo y el erotismo, fueron los otros factores que determinaron su opción por no mostrar el rostro ni reconocer su propio nombre.
Para embarrar más el asunto, el escritor decidió que un alter ego muerto era todavía mejor para permanecer sin ser molestado. Y eso hizo: llenó las solapas de algunos de sus libros con una fecha de deceso para Ercole Lissardi.
Un revoloteo de clamor alrededor de su figura –y el hecho de que empezaron a atribuir su identidad a otros escritores– lo decidió a que ya estaba lo suficientemente maduro como para darse a conocer. Luego de tantas idas y vueltas, la epifanía: el bonachón librero montevideano, el gordo Hugo (como lo conocían sus amigos), se asumió como el personaje que había construido; Ercole Lissardi, el erotómano, el Fauno.
Los problemas llegaron: algún que otro ataque en la prensa escrita y la cadena de librerías más grande de Montevideo negándose a vender “los libros de un librero” para no favorecer a la competencia; en otras librerías dicen que preferirían ver sus libros en los exhibidores triple X de un kiosco de diarios antes que en sus estantes.
Desde que se asumió como Ercole Lissardi concedió unos escasos y casi anónimos reportajes en los que no mostró la cara y suministró información en cuentagotas. Hasta ahora, en su primera entrevista con un medio argentino para la que aceptó ser fotografiado. Pero su nombre completo permanece en la oscuridad. Llamémosle, pues, Lizzardi.

¿Qué cree que ha cambiado en la recepción de materiales eróticos? ¿Sus libros fueron recibidos con conflicto?

–Tú me podrás decir cómo serán recibidos mis libros en Buenos Aires dentro de un tiempo porque recién llegan. En cuanto a Montevideo, la recepción ha sido marcada por dos factores profundos de la cultura uruguaya. Uno es el liberalismo cultural que proviene del primer batllismo. Eso que hizo de Uruguay lo que fue durante tanto tiempo como la capital del pensamiento liberal. No de lo antieclesiástico, pero un montevideano en la década del ‘60 era un tipo que se definía como ateo, tenía una actitud muy liberal en materia de pensamiento. Entonces por un lado ese humus de la cultura uruguaya que poco a poco se va diluyendo, porque el mundo cambia, es uno de los factores que hicieron a la recepción. El otro es, bueno, vivimos en la posmodernidad, vivimos en la era de la indiferencia. A nadie le importa un carajo a la vela nada. Nadie está dispuesto a pelearse por nada en el mundo. Entonces entre la indiferencia de la posmodernidad y la liberalidad del primer batllismo uruguayo que es una de las capas más profundas del Ser Nacional, acá nadie armó escándalo excepto por algún puritano de izquierda. Porque la izquierda uruguaya es puritana. Con todo lo que yo respeto a la izquierda, digo, yo me comí un exilio y no fue precisamente por ser de derecha. Entonces lo digo con todo el respeto y deseando que le vaya lo mejor posible a la izquierda en los gobiernos que tenga, pero hay una cosa puritana en la izquierda uruguaya y los que saltaron en contra de Lissardi, uno o dos que saltaron en algún momento en la prensa, eran gente de la izquierda. Una izquierda puritana vergonzante porque el mismo periódico que en determinado momento sacó un artículo diciendo que yo era el enemigo público número uno, dos semanas antes o después me publicó un artículo de tres páginas sobre la diferencia entre erotismo y pornografía. Digo, es difícil en determinado momento para la izquierda manejar estas cuestiones.

¿Con qué argumentos lo atacaron?

–Dijeron que era el enemigo público número uno por la razón sencilla de que mis libros iban dirigidos a pervertir a la juventud, como Sócrates, más o menos. Y lo que me hacía más peligroso: que era un esforzado teórico. No solamente te contaba la historia sino que además te la justificaba. Entonces sí, hubo un ataque muy violento y que sin que yo lo supiera, porque si no le hubiera dicho que no lo hiciera, salió a defenderme uno de los intelectuales más destacados que hay en el país, que es Roberto Echavarren.

En ocasión de un debate sobre la pornografía en Estados Unidos, un juez a cargo de este asunto dijo: “No sabría definirla, pero sé reconocerla cuando la veo”. Usted afirma que su literatura no es pornográfica, ¿cómo define o reconoce lo pornográfico?

–Creo que hay dos maneras de saber si mi literatura es erótica o pornográfica. Una es una manera práctica, pragmática: la pornografía es una industria. Una industria que produce un objeto, que compra un consumidor para determinado tipo de consumo. Si tú agarras un libro mío y se lo das a un consumidor de pornografía, te va a decir: “Muchas gracias pero no, no era esto lo que yo quería”. El tipo va a leer, y va a decir: “Bueno, acá hay muchas cosas, es muy bonito, pero no es lo que yo quería”. Porque el consumidor de pornografía es un tipo absolutamente unívoco: él sabe qué es lo que quiere. El lo que quiere es pornografía y por consiguiente rechaza aquello que sea muy bonito o muy inteligente o lo que quieras pero que no sea pornografía. Entonces ahí hay un primer nivel donde el librero sabe lo que es pornografía y lo que no lo es.
Hay un segundo nivel que es más teórico, más conceptual: qué es erotismo y qué es pornografía. Hasta donde yo he podido explorar el tema, el erotismo es acerca del deseo y la pornografía es acerca de los cuerpos. No creo que sea posible equivocarse en esto. El erotismo es acerca del deseo, por consiguiente es posible pensar una obra erótica en la cual no haya cuerpos. Porque es acerca del deseo y el deseo es, todos lo sabemos, una de las cosas más profundas que tiene el ser humano. Es aquello que nos impele a otra persona con una necesidad absolutamente insoslayable. Necesitamos poner las garras encima de esa persona sí o sí. O algo encima de esa persona. Tomá el caso de una película que todo el mundo vio porque es un clásico: Muerte en Venecia. Esa película es acerca del deseo. El profesor Von Aschenbach tiene un profundísimo deseo hacia ese chavo. No puede ocultarlo, no puede controlarlo porque no sabe qué hacer con él, porque no es lo que él espera de sí mismo. Es una obra profundamente erótica. En el sentido profundo de la palabra erótica. Eros, el dios de la atracción. Nosotros lo llamamos Deseo. En cambio, la pornografía es acerca del cuerpo. Cuanto más en detalle, cuanto más visible, cuanto más detallado sea, mejor. Por eso la pornografía tiende a meter las cámaras adentro de los cuerpos.

Gerard Damiano, el director de Garganta profunda, considerada la primera película pornográfica narrativa, creía que el sexo explícito iba a llegar al punto de lograr insertarse dentro de cualquier obra artística como una manifestación realista, una parte más de la descripción de las costumbres humanas. ¿Usted considera que su narrativa cumple esta expectativa de integrar la sexualidad como algo natural o se plantea una narración como excusa para llegar a la descripción de sexo explícito?

–Lo que quería decir Damiano es una cosa que se transformó en realidad. Hoy en día existe, todavía de una manera vacilante, un cine serio en el cual el sexo es explícito. Son pocos los directores que se atreven a hacer eso, todavía. El ejemplo básico es El imperio de los sentidos, de Oshima.
A partir de ahí, hay una cantidad de películas que son serias, incluso mortalmente serias diría yo, en las cuales hay escenas de sexo explícito. Damiano tenía razón, no porque fuera un genio, sino porque estaba en la tapa del libro que iba a ser así. Todo el proceso de permisividad no es un proceso que pueda ser parado. Igual, Damiano se sentía decepcionado por el cauce que tomó finalmente la industria pornográfica: representaciones extremas casi sin narrativa. A Damiano le gustaba el cine, amaba las películas y entonces pensaba que se podía hacer películas que fueran serias pero, al mismo tiempo, que tuvieran absoluta libertad. Cada vez va a haber más cine en el cual los actores entiendan que la sexualidad es parte de la actuación. Inclusive hay actores de Hollywood que han aceptado hacer escenas sexualmente fuertes. Nicole Kidman hizo una escena de masturbación en una película menor, una película de pocos dólares. En cuanto a la literatura... yo jamás me planteé si estaba bien o mal. Yo escribo de una manera totalmente animal. No escribo desde el punto de vista de un sistema de ideas ni de convicciones ni de ideas políticas ni de sedición cultural ni de convicciones de ninguna índole. Tengo una imagen, esa imagen se me revela como persistente y parto de la base de que esa imagen está ahí porque hay una historia detrás, apoyo el pinche lápiz en la hoja de papel y ahí sale. De manera que plantearme si estaba escribiendo pornografía, si iba a poner escenas de sexo, si iba a utilizar palabras que son aceptables o no son aceptables... eso para mí nunca existió.

La prestigiosa estudiosa de la pornografía Linda Williams ha sugerido que la escena de la eyaculación masculina (money shot) es necesaria para representar físicamente el placer sexual masculino sin un equivalente femenino posible. ¿Cree que es posible encontrar alguna forma de representación del goce femenino que escape al imaginario de la sexualidad varonil?

–Mirá, francamente la mayor parte de la gente que me lee son mujeres. Habría que preguntarles a ellas. He llegado a la conclusión de que buena parte de mis lectores, la mayor parte pienso, realmente, son mujeres que aprecian mi literatura por las razones que ellas quieran encontrar.

¿Le encuentra alguna explicación o motivo?

–Quizá que yo lo escribo desde la cabeza de un hombre.

Justamente, me resulta sorprendente porque hay un imaginario sexual masculino muy fuerte presente en sus novelas.

–Me imagino que sí. A pesar de que algún crítico, de izquierda siempre, dijo que mi literatura era homoerótica. Yo no tengo nada contra la literatura homoerótica y mucho menos contra los homosexuales ni nada que se le parezca. Incluso en mis novelas hay momentos de bisexualidad. Yo no formo parte de la cultura gay y mis personajes tampoco. Pero en la primera etapa de mi novelística hay por lo menos dos libros en los que hay una exploración de lo orgiástico, de la sexualidad indiferenciada, del estado de erotización absoluto al cual se puede llegar, se puede estar, y ahí sí, hay sexo entre hombres. Ahora, retomando tu pregunta, yo no creo que haya una realización del imaginario sexual masculino. Yo creo que en mi literatura lo que hay es lo que puede haber en la cabeza de una persona que no tiene ninguna alternativa más que escribir sobre sexo, porque si tuviera otra me pondría a escribir sobre otra cosa, pero no. Yo lo que escribo es sobre sexo.

¿Y cómo considera la relación de lo que escribe con el consumo? Le pregunto porque pareciera que en sus libros los amantes son cuerpos que se usan y se desechan y los matrimonios son un desgaste lento y continuo.

–Ahí ya estamos en otro terreno. Allá por la séptima novela más o menos, yo entré en una zona rarísima en mí, una zona de no escribir porque sentía que me faltaba la devolución. La crítica uruguaya es muy pobre. Hay muy poca gente acá que valga la pena leer lo que escribe.
No fue así siempre, hubo una época en la cual la crítica uruguaya era señera en América latina, estoy hablando de la época de Angel Rama, de Emir Rodríguez Monegal, tipos con peso como críticos. Podías estar de acuerdo o no con la izquierda, con la derecha, pero eran tipos que tenían con qué. En este momento no. Es muy pobre la crítica uruguaya. Yo la mayor parte de las críticas no las leo. Hay muy poca gente que vos decís mirá, Fulano escribió, y vas a ver lo qué dice. Entonces en determinado momento me quedé sin pensamiento. Sentía que tenía que entender mejor mis propios libros, andaba por el séptimo y no había pensamiento. Entonces dije bueno, si no lo hay, tengo que hacerlo yo. Tengo que pensar: ¿De qué forman parte mis libros? ¿Por qué escribo estos libros y no otros? ¿Cuál es el lugar de estos libros en el continuum libresco mundial? Tuve necesidad en determinado momento de ubicar mis libros. Pero me pareció imposible ponerme a analizarlos yo mismo. Entonces tuve la peregrina idea de tomar mi nuevo nombre como un personaje y hacerlo actuar como un personaje que se iba de vacaciones y escribía un diario. Y esa interposición que pienso que fue el momento en el que me desprendí totalmente de mi identidad anterior, me permitió pensar los libros. Porque creé un personaje que era Lissardi, y a ese personaje, de alguna manera me trasladé dejando el Yo que no podía pensar los libros, afuera del asunto. Parece metafísica, pero no. Es elemental. Me permitió tomar a Lissardi como personaje y desprenderme finalmente de mi identidad anterior.
Entonces el tipo escribe un diario, en él escribe, además de sus escaramuzas sexuales de verano, una reflexión acerca de lo sexual y esa reflexión es algo que yo después publiqué en un artículo en una revista de psicoanalítica lacaniana y es lo que yo llamé el “paradigma fáunico de la cultura occidental”. Es una reflexión acerca de una línea de sensibilidad, de pensamiento, imaginación de alguna manera reprimida dentro de la cultura de Occidente que llamo “fáunica”. Lo que me interesa de eso es que me permitió de alguna manera tener una idea clara respecto de en qué sentido estoy escribiendo, para qué estoy escribiendo, dentro de qué esfera de sensibilidad estoy. La idea del paradigma fáunico entonces está en Acerca de la naturaleza de los faunos, que para mí fue una bisagra porque elaborarlo me permitió comprender dentro de qué estoy escribiendo y me permitió no hacerme más preguntas que no fueran necesarias. La noción de paradigma fáunico y su elaboración a lo largo de la historia de Occidente, me permitió de alguna manera ya no estar preguntándome qué pasa con los cuerpos: hay un cuerpo que es así que es el cuerpo conyugal, y otros cuerpos que son así que son los cuerpos prescindibles, descartables, esa pregunta ya no importó más para mí. Lo que existe es el impulso fáunico que es irreprimible y que se lo puede rastrear en la historia de Occidente. Ese impulso fáunico que nos impulsa hacia el consumo de los cuerpos y existen las situaciones sociales en las cuales las personas tiene que acomodar el cuerpo como para vivir en la sociedad en la que viven.

¿Un impulso báquico?

–Exactamente. Es así. De hecho creo que es bastante claro que es así.

Esto puede funcionar en la literatura pero, ¿considera que también puede funcionar en la vida cotidiana?

–En la medida en que las personas tengan conciencia cultural de lo que son y de lo que somos, sí. En la medida que se vive inconscientemente bajo la noción de culpa, no. La manera en la que nosotros vivimos nuestra vida emocional, sexual y sentimental está totalmente condicionada por la historia de nuestra cultura. Es necesario, para comprender el callejón sin salida al que hemos llegado, repensar el conjunto de la cosa, repensarlo, pensarlo de otra manera para poder encontrar otra manera de vernos a nosotros mismos y lo que hacemos. Eso me parece que es lo importante. Si no se comprende el impulso que yo llamo fáunico dentro de la cultura y de nuestra manera de vivir, hombres y mujeres siempre vamos a vivir a medio camino entre la hipocresía y la culpa.

De todo, pero infieles

La llamada “Trilogía de la infidelidad” de Ercole Lissardi editada por la muy recomendable Casa Editorial Hum. Estas tres novelas independientes están atravesadas por un mismo eje temático (la infidelidad) y no exigen un orden de lectura preestablecido.
Los secretos de Romina Lucas puede leerse casi como un policial donde el narrador intenta reconstruir la vida y sexualidad de una mujer que conoció en un instante fugaz tras cruzar su mirada con ella y vio morir unos segundos después en un accidente de tránsito. Sensualidad, goce y muerte se van entremezclando en la trama.



Horas-puente es una comedia liviana con dos profesores de secundario que utilizan las horas libres que tienen en común para entremezclarse en una relación basada en el encuentro de sus cuerpos, que los hace salir de la rutina de una vida de casados o les presenta nuevas experiencias sexuales intensas.




Por último, Ulisa es una novela que su autor define como “de brocha gorda”, un drama en el que el narrador atormentado por el recuerdo de una amante muerta (Luisa) fantasea con ella hasta conocer a una mujer que se le parece mucho (Ulisa). Pronto se verá enganchado con ella en una relación de violencia sexual, hipocresía y dolor que no hará más que prenunciar un trágico final.


(Gracias Alejandro Soifer por la entrevista.
Los editores de Erotismo Gráfico.)

viernes, 24 de enero de 2014

Eva Vika Kerekes - Una clase de seducción

Eva Vika Kerekes, sin desnudarse, solo con un sutil acto muestra lo que nosotros creemos que es una escena erótica.

jueves, 23 de enero de 2014

Los invitamos al cine: "Belle de Jour" de Luis Buñuel con la exquisita actuación de Catherine Deneuve





Sinopsis

Sévérine, una joven casada con un atractivo cirujano, descubre la existencia de la prostitución diurna. Impulsada por la curiosidad, ingresa en la casa de citas de Anaïs y termina acostumbrándose a llevar una doble vida. La aparición de Marcel, un delincuente que se enamora de ella, complicará la situación de la protagonista. 






La actuación como liberación

Por Enrique Posada



El ser humano es un verdadero pozo sin fondo, a cuya exploración ha contribuido notablemente el cine. Con las infinitas posibilidades que se presentan para contar historias, relacionar personajes, tejer tramas intricadas, una película puede llegar hasta las más recónditas rendijas del comportamiento humano, sin que se alcancen a agotar los temas ni las situaciones.

Mediante el cine, el mundo de los sueños y de las fantasías puede ser traído a la vida cotidiana como si se tratara de una realidad palpable. No hay necesidad de encadenar la secuencia de las imágenes y los cuadros en forma razonable o lineal. Por el contario, se vuelve más estimulante y más real si desaparecen la lógica y las explicaciones. El cine puede jugar con los tiempos y con los espacios y el espectador se va adentrando con los personajes para vivir sus historias, como si fueran reales. Podemos llegar a experimentar la sensación de que la vida es una película en la cual podemos actuar, jugando con dos papeles: el nuestro que crea los roles y el del otro que los actúa. 

Siguiendo esta línea de razonamiento, se abre la posibilidad de imaginarnos que somos actores capaces de resolver los traumas y las situaciones dolorosas mediante la actuación, y que el efecto será mayor en la medida en que nos atrevamos a actuar con realismo, enfrentados de verdad a las consecuencias de nuestras acciones fantasiosas y soñadas.    

El cine francés tiene una capacidad especial para dibujar estos mundos, en los cuales los personajes diseñan dramas y comedias, para vivirlos y observarlos  hasta generar una sensación de liberación personal. En manos de un director profundo como Luis Buñuel, este diseño se convierte en una obra maestra.
Fotograma de Belle de jourUna bella mujer, Séverine, protagonizada por Catherine Deneuve, está casada con un hombre sensible, que la quiere y la protege, pero no es feliz.  Su vida es monótona, sin eventos, como la de una fina muñeca de porcelana contemplada e intocable. Vive matizando su vida rutinaria con sueños eróticos y masoquistas, en los cuales es conquistada y humillada, sintiendo una rara y callada satisfacción,  que permanece escondida detrás de la aparente normalidad.

Un evento sin trascendencia, cualquier cosa que se dice sin mucha conciencia, despierta en ella un nuevo proyecto liberador: se convierte en Belle de Jour, una prostituta elegante de día, y de noche, en esposa fiel. Mujer atractiva, a la vez aventurera y tímida, cada vez más experta y deseable. Buñuel nos va llevando por esta transformación con suma decencia, sin abusar con el morbo, sin que se pierdan el encanto y la inocencia de los gestos, a pesar de las intrusiones del machismo, tan natural en un ambiente de burdel. Deneuve se desenvuelve perfectamente, con sumo equilibrio, como una trapecista de circo que no cae ni pierde la compostura. No hay economía en las escenas. La cámara se detiene, el diálogo es completo, se puede saborear la puesta en escena y apreciar el diseño exquisito, rico en detalles.  
Catherine Deneuve en Belle de jourVamos penetrando así al lado femenino de los sueños, sumiso, pacífico, curioso, más bien despreocupado y desprendido, donde todo es posible y vemos cómo se enfrenta  eventualmente  a la realidad masculina, signada por la posesión, los celos, el miedo, la amenaza, la violencia. Cuando se trata de sueños, los protagonistas conservan ciertas potestades de diseño que les permiten afrontar el machismo desde la fantasía y la imaginación, y son capaces de actuar, en el caso de Belle de Jour, como una hembra sometida, incluso deseosa de castigo. Sufrimiento imaginado.

Cuando penetramos el mundo de las realidades compartidas, existe el riesgo de perder la potestad de mujer sensible y abierta, ante la capacidad masculina para atropellar y poseer. Como ha sido relativamente común, en este mundo el macho pierde la compostura si la hembra no se pliega a sus embates celosos y altivos, especialmente si éste se cree hermoso y atractivo. Entonces ataca y el sueño que se vive y se goza puede convertirse en la tragedia que se sufre.

Si se vive la experiencia de los sueños desde la posición de observador testigo, externo, que la diseña, nada malo ocurre, pero tampoco nada realmente bueno. Si el sueño se vive realmente, se convierte en realidad palpable, inescapable, cuyas consecuencias son inevitables, capaces de cambiar a la persona y de hacerla crecer, pero también de afectarla negativamente y de destruirla. Entonces el peligro de las realidades fantasiosas reside en su contaminación con los miedos, con las emociones limitantes y con el enamoramiento enfermizo, y su efectividad reside en poderlas vivir, para cumplir deseos profundos que deben hacerse realidad.
Imagen de la película Belle de jour, de Luis BuñuelLa persona puede ser bella de día, elegante en los sueños y en las fantasías, en la medida en que lo femenino domine y navegue despreocupadamente por los senderos de lo macho, experimentando la realidad sin límites, sin temores. De esa navegación el ser puede salir transformado, liberado, al ser capaz de experimentar los deseos profundos como realidades vivas. La pregunta que la cinta deja abierta tiene que ver con lo siguiente: ¿Es posible vivir tales experiencias liberadoras imaginativamente en la mente propia o es necesario traerlas a la vida real como hechos de vida, que se mezclan con las realidades de otras personas? Pienso que un espectador atento puede vislumbrar que hay una respuesta escondida en Belle de Jour: vale la pena vivir la experiencia y experimentar el deseo profundo, pero como obra de teatro, como película, como imaginación, tan real para el cuerpo como la vida misma. Al dar el paso a la experiencia real, compartida, será menester andar en buena compañía. 

Independientemente de las muchas inquietudes que un espectador experimenta cuando se enfrenta al sorprendente mundo de Buñuel, quizás lo realmente valioso es relajarse y disfrutar de su estética, de sus filigranas, de las actuaciones consagradas que logra en los personajes, de las combinaciones mágicas, de las imágenes inesperadas, de sus diseños cuidadosos y de cada pequeña historia entretejida. No hay gesto que no valga la pena, ni aspecto sobrante. Belle de Jour es una obra maestra.   



lunes, 6 de enero de 2014

Pedro Juan Gutiérrez – El rey de La Habana

“Ella se recostó en una columna y abrió las piernas. Tenía una falda amplia que le llegaba a los tobillos. Rey se acomodó de frente, sacó su animal, y allí mismo copularon frenéticamente. A Magda le gustaba eso. Con el rabillo del ojo miraba alguna de aquellas pingas erectas y desaforadas que los rodeaban”.

“El Rey de La Habana” es una novela que transpira sexo. Pedro Juan Gutiérrez es un gran escritor cubano exponente del “realismo sucio” embarcado en el plan de mostrar una Cuba rebelde, pobre y sucia que sobrevive a fuerza de ron, tabaco y sexo. Mucho sexo.


Rey tiene diecisiete años y es huérfano. Acaba de huir de un reformatorio y llega a La Habana con hambre, la ropa ajada y un incansable compañero de veintidós centímetros entre las piernas. La novela cuenta las aventuras sexuales de Rey con prostitutas, travestis, negras, mulatas y con Magda, su amante jinetera, en medio de la fenomenal crisis económica cubana.



Rey es un cubano que sólo piensa en templar todo el día mientras sobrevive de cualquier modo en medio de una intensa relación con Magda, una mulata hermosa y pobre que mantiene a Rey a base de vender maní y jinetear. En medio de celos y una desesperada promiscuidad, la relación de ellos se hace más y más profunda hasta llegar a un impactante climax.




Pedro Juan Gutiérrez narra con fuerza una novela impregnada de sexo y supervivencia que muestra una Cuba que le escapa a la pobreza con sexo, sexo y más sexo. 


Publicado en Revista Don Juan (Colombia)

   

viernes, 20 de diciembre de 2013

Elogio de la madrastra - Mario Vargas Llosa

Por M.M.L.

Elogio de la madrastra de Mario Vargas Llosa es una genial incursión en la literatura erótica del escritor peruano. 

La novela tiene tres personajes: Don Rigoberto, un maduro coleccionista de cuadros eróticos;  Doña Lucrecia, su sensual segunda mujer y Fonchito, el hijo de Don Rigoberto, un niño en las puertas de la pubertad que encuentra en su madrastra su primera inspiración amorosa y que no parará hasta conseguir de ella los favores sexuales que desea.

La trama comienza al descubrir Lucrecia que Fonchito la espía todas las noches mientras ella se baña. Sin embargo, todo empeora  cuando ante el enojo de su hermosa madrastra, el niño la extorsiona con la amenaza de matarse si ella no acepta su amor. Lucrecia, ante el miedo a perder su matrimonio, permite el juego y se adentra en un espiral de perversión que la llevan a cometer los actos más impensados.

Vargas Llosa construye lo erótico con maestría, la historia se intercala con las ensoñaciones sexuales de Don Rigoberto, las referencias al arte erótico y los diálogos internos de los protagonistas. Una gran novela que trata, gracias a un desenlace impactante, los límites de las fantasías y el despertar sexual sin caer en los típicos lugares comunes.


      
 Publicado en la revista Don Juan

Memorias de un librero pornógrafo - Armand Coppens

Editada por la imprescindible
colección de literatura erótica:
La sonrisa vertica 
Por M.M.L.

Es muy conocida la paradoja según la cual hombres de virilidad indudable están dispuestos a pagar sumas elevadas por obras eróticas y pornográficas, aun cuando la mayoría de ellos tiene bajo su techo, y sin necesidad de soltar un céntimo, una mujer de carne y hueso”.

Cuando llegó a mis manos la novela de Armand Coppens, Memorias de un librero pornógrafo, en primer lugar, sonreí porque no podía evitar identificarme con el título que los editores de la colección La Sonrisa Vertical le pusieron a esta genial novela escrita por un casi anónimo librero flamenco y, en segundo lugar, me cautivo de inmediato las primeras reflexiones del escritor en torno a por qué los bibliófilos podemos gastar hasta lo que no tenemos en libros que inflamaran nuestra imaginación hasta dejarnos con esa hermosa insatisfacción que nos genera leer literatura erótica.

La novela nos relata las vivencias de un amante de los libros que deviene en librero, en parte para solventar su vicio de coleccionista, en parte para desarrollar su atracción por prácticas sexuales poco convencionales. Desde la primer escena en la cual se convierte en un inesperado observador de una sesión de fotos pornográficas en una librería hasta la compra de una biblioteca de libros eróticos a un joven suicida e incestuoso, las memorias de este entretenido librero nos pasean por las reflexiones sobre qué es el placer sexual, cuáles son los límites éticos de aquello que produce excitación y, quizás, la pregunta que recorre toda la novela: quiénes tienen el derecho de censurar la libre circulación de palabras que desenfrenan la sexualidad de otros, aunque estas prácticas muchas veces sean muy cuestionables.


Coppens  recorre toda Europa en busca de libros sobre erotismo y pornografía, sin importar la sordidez de los temas y lo desagradable de los vendedores, así nos metemos en reuniones que terminan amigablemente en grandes orgías o en diálogos que desnudan sexualidades con fantasías (y experiencias), para decirlo de algún modo, inquietantes: un editor obsesionado con tener en su cama a dos hermanas lesbianas vestidas de enfermeras, un hombre que espera a la muerte con alegría mientras tiene relaciones con mujeres en un ataúd rodeado de símbolos nazis, un muy formal escritor de novelas policiales que descubre las bondades de publicar folletines eróticos y termina por llevar su matrimonio a una constante sesión de sexo grupal, mujeres que disfrutan de prostituirse y vivir en una eterna fiesta, son algunos de los personajes que adornan este gran relato.

Coppens saca tajada de las obsesiones de sus clientes y hace jugosos negocios con libros a la vez que participa en inesperadas aventuras amorosas, pero antes que nada se pregunta qué es el erotismo y esta búsqueda se refleja en su interminable pasión por encontrar ese libro que falta, esa joya erótica que (como la pornografía) jamás lo dejará satisfecho y lo dejará en un estado de profunda frustración que lo llevará siempre a buscar nuevos libros, que lo conducirán a venderlos y luego a buscar nuevas experiencias sexuales que lo dejaran insatisfecho para volver a comenzar nuevamente el ciclo interminable del deseo sexual.





Publicado en revista Don Juan (Colombia)

martes, 17 de diciembre de 2013

Felipe Trigo, maestro de la novela erótica española

Por Anabel Ripoll


El escritor Felipe Trigo nació en Villanueva de la Serena, Badajoz, el 13 de febrero de 1864.
Novelas de tema sexual


Felipe Trigo obtuvo gran éxito con sus novelas en las que domina el tema sexual que, dada su condición de médico, estudia desde un punto de vista que se podría calificar de “clínico”.
Su literatura, en líneas muy generales, deriva del naturalismo y se centra en el erotismo. De ahí su éxito; pero también las incomprensiones que levantó en los sectores más conservadores que le dedicaron continuos ataques.
Suicido sin explicación


Cuando estaba en el punto máximo de su madurez creativa, llevado por problemas que le perseguían, se suicidó en su casa de Madrid en 1916. A pesar de los comentarios que suscitó, su muerte no se ha podido esclarecer.
En su carta de despedida se lee que: “... yo estoy seguro de que nada os serviría más que para prolongar algunos meses vuestra angustia viéndome morir. Pensad que en esta catástrofe fue el motivo el ansia loca de crearos una posición más firme....”.

Novelas, artículos y ensayos periodísticos

La obra de Felipe Trigo es amplia si se tiene en cuenta que la escribió en solo 15 años (1901-1916). Se trata de una obra que incluye novelas, artículos y ensayos periodísticos.
Entre sus novelas más interesantes, por citar sólo unas cuantas de la veintena que escribió, cabe mencionar Las ingenuas que su primera obra, publicada en 1901, que cabría incluirla en el llamado naturalismo inmediato. Al lado de Las ingenuas, estarían Sed de amor (1902) y La bruta (1904).
“Jarrapellejos”, su mejor novela
Hay destacar, por su relevancia, El médico rural (1912), iniciado por En la Carrera, que es otra autobiográfica crucial para entender mejor a Trigo. Y, especialmente, hay que mencionar Jarrapellejos(1914) que pasa por ser, según la crítica, su obra de mayor relevancia dado que trata temas considerados de mayor alcance que el erótico, como puede ser la problemática social, a la que no fue ajeno Felipe Trigo.
Jarrapellejos, de la que se realizó una película en 1988, se desarrolla en un pueblo de la época sometido al caciquismo y a los abusos de los poderosos hacia los humildes.


Ensayo y novela corta


Trigo también se dedicó al ensayo doctrinario que merecería una revisión a fondo, como Socialismo individualista (1904), El amor en la vida y en los libros (1907) y Crisis de la civilización (1915).
Cultivó con asiduidad la novela corta en títulos como La de los ojos color de uva, Reveladoras, Lo inefable, El moralista y un largo etcétera.
Mucho más que el fundador de la novela erótica

A Felipe Trigo se le ha considerado padre y fundador de la novela erótica en España. Y tal vez por esa etiqueta ha sido relegado y postergado en los manuales y en las historias de la literatura en los que, a lo sumo, se le dedican escasas líneas. Sin duda, merecería una lectura más seria y reposada.
Publicado en http://suite101.net

Los invitamos al cine: Historia de O - Dir. Just Jaeckin - 1975 - Completa

La bella fotógrafa "O" (Corine Clery) es llevada por su amante René (Udo Kier) al castillo de Roissy para prepararla como esclava sexual. Ella ha aceptado por el amor que siente hacia él. Tras estar varias semanas y abandonar luego el castillo, O conoce por mediación de René a su hermanastro Sir Stephen (Anthony Steel), con quien comenzará una relación de dominación - sumisión ante el requerimiento de René. Con Sir Stephen continuará su proceso de aprendizaje en la sumisión, se iniciará en las relaciones lésbicas para obtener el sometimiento de otra mujer con quien compensará a René, y Sir Stephen la llevará hasta la casa de Anne-Marie (Christiane Minazzoli), que la disciplinará aún más en la obediencia hasta ser marcada como esclava propiedad de Sir Stephen. "Historia de O" es un clásico del género erótico "soft-core" basado en la posesión, la sumisión amorosa y el amor incondicional. Basada en la novela homónima de Pauline Reage.

Título original: Histoire d'O
Año: 1975
Duración: 105 min.
País: Francia 
Director: Just Jaeckin
Guión: Sébastien Japrisot (basado en la novela homónima de Dominique Aury [Pauline Reage])
Música: Pierre Bachelet
Fotografía: Robert Fraisse, Yves Rodallec


Corine Clery
Reparto: Corinne Clery, 
Udo Kier, 
Anthony Steel, 
Jean Gaven, 
Christiane Minazzoli, 
Martine Kelly, 
Nadine Perles, 
Li Sellgren, 
Laure Moutoussamy

Productora: Coproducción Francia-Alemania; Yang Films / S. F. Mouvelle Prodis / A. D. Creation / Terra Filmkust
Género: Drama | Erótico








Udo Kier
Historia de O/www.youtube.com/user/Erotismografico



viernes, 13 de diciembre de 2013

Lola Beccaria – Una mujer desnuda - Editorial Anagrama

“Tengo muy poco tiempo escribir mi historia. Mañana a primera hora los quioscos gritarán que Martina Iranco, ministra del Interior, es una mujer en extremo viciosa, una viciosa, una zorra de tomo y lomo, una guarra sin paliativos”.

Una mujer desnuda de Lola Beccaria narra el recorrido sexual de la protagonista desde sus precoces inicios de niña hasta su desenlace, ya como mujer madura. La autora traza con genialidad y estilo la personalidad de Martina, una mujer que busca sobrevivir como sea a los sucesivos abandonos que sufre a lo largo de su vida. El sexo es la respuesta, la válvula de escape, a su desesperada búsqueda de afecto.

Erigiéndose como una  Lolita que acosa a los hombres y busca en satisfacerlos un consuelo a la soledad extrema que la rodea. Martina es algo más que una transgresora: pone en tela de juicio cualquier preconcepto que tengamos sobre el sexo. Las palabras de la novela son duras, pero es indispensable llegar hasta el último párrafo para comprender las extremas experiencias sexuales que confiesa la protagonista.


Una mujer desnuda tiene una prosa impecable. Es una descripción psicológica acertada y certera que a partir de obsesivas historias de amor, un matrimonio centrado en el sexo extramarital y un final entre la orgía perpetua y el retorno de los fantasmas del pasado nos permiten, finalmente, comprender el descontrol sexual de Martina. Una novela erótica para lectores que se animen a leer sin temor sobre los desamparados y oscuros  fundamentos que pueden motivar y movilizar a la sexualidad humana. 

(Publicado en Revista Don Juan, Colombia)

jueves, 12 de diciembre de 2013

Cincuenta sombras de Grey – E.L.James

Bueno nosotros escribimos también sobre el bestseller erótico de la década. Recuerdo una conversación que tuve con una editora colombiana muy importante que me decía con respecto a mis intereses literarios que ya eran cosas del pasado, que en pleno siglo XXI con la pornografía al alcance de la mano ya no tenía sentido editar literatura erótica, que incluso comercialmente era inviable.

Parece ser que algunas editoriales terminan cerrando gracias a estas geniales perspectivas de sus editores. En fin, mientras haya seres humanos habrá sexo y mientras haya cerebros que funcionen habrá erotismo. Nos encanta todo lo que estimule, nos encanta la excitación, nos encanta, incluso, sentirnos un poco sucios y bajos, porque eso es una gran parte de erotismo: excitarse con el no, excitarse con esos deseos que no admitimos, excitarse con ese escote o ese bulto entre las piernas que no debemos mirar. Todo eso y por suerte muchísimo más es el erotismo.


Bienvenidos a la fiesta de los sentidos, bienvenidos a la libertad de sentir erecciones y humedades en el silencio de nuestras lecturas. Todos lo saben que los tímidos somos los más intrépidos y las tímidas las amantes más salvajes (para no usar otra palabra, que nos encanta).


Cincuenta sombras de Grey E.L.James

Me rodea el ombligo con la punta de cuero y sigue deslizándola por mi vello púbico hasta el clítoris. Sacude la fusta y me golpea con fuerza en el clítoris, y me corro gloriosamente gritando que me desate”.


Anastasia  Steele es una estudiante de Literatura a punto de graduarse, virgen, de una belleza escondida y con gustos simples. Christian Grey es un príncipe azul postmoderno: multimillonario, superexitoso, apuesto y dominante. A partir
de un encuentro con excusa de una entrevista surge entre ellos una apasionada relación cargada de sexo. Las dudas (y acercamientos) de Anastasia para firmar un contrato de esclavitud sexual son la columna de la novela que muestra el despertar sexual de la protagonista con el Sr. Grey, el hermoso y siempre tierno héroe sádico.

El tópico interesante de esta obra es que está centrada en el sadomasoquismo. Sorprende que la novela más vendida (por lejos) del año trate un tema tan acallado. El morbo de la humillación y la dominación tomaron por sorpresa al mercado editorial de todo el mundo, que encontró en esta novela, que es parte de una trilogía, al inesperado sucesor de Harry Potter.  





La novela está muy bien escrita y se lee de un tirón, sin embargo E.L.James pareciera ser la encargada de renovar (o reinventar) la novela romántica femenina: Cincuenta sombras de Grey tiene todos los lugares comunes de la novela rosa con la inclusión de muy logrados pasajes de sexo explícito. 


Recomendable como introducción a lecturas más profundas sobre la goce de la sumisión sexual, aunque queda una sensación de haber leído una reducción de los costados más oscuros de la sexualidad a una edulcorada visión pornográfica de una adolescente que se excita casi tanto con los cliches sociales como con su demasiado idílico Sr. Grey.